Me dormiré pensando en aquellas noches a oscuras que pasábamos en tu habitación, donde, en silencio, recorrías con tus manos mi cuerpo.
Y es que recuero que mientras tu piel rozaba la mía, mientras nos fundíamos en un solo ser de placer, me susurrabas al oído que me deseabas.
Tampoco podré olvidar jamás aquellas noches en las cuales nos quedábamos mirándonos a los ojos hasta el amanecer. Justo en ese momento, el momento en el que el primer rayo de luz atravesaba la venta, nos levantábamos y, abrazado a mi por la espalda, contemplábamos el amanecer. Me acuerdo que solías susurrar que yo era lo mas bonito para ti, y que no cambiarías ni un solo segundo a mi lado.
Recuerdo muchas cosas.
Recuerdo también aquellas tardes en el parque en las cuales nos sentábamos en un banco donde, atentamente, escuchabas mis alegrías, penas y quejas. Después, nos íbamos al césped a tumbarnos y a mirar las nubes, y , en un ataque de rebeldía acercaba mis labios a los tuyos, y justo antes de rozarlos sonreía y me alejaba. Esto hacía que tus los desearas mas, y en un acto de rabia te abalanzaras sobre mi obligándome a darte un beso.
Añoro esos momentos tan especiales.
Quizá te consuele el hecho de que me acuerde de todo esto, pero no puedes pretender que me olvide de lo mejor que me a podido pasar, pues tu me ayudaste a entender ese sentimiento llamado amor, y como hacía que nos comportásemos. Quiero darte las gracias por todo, ya que de lo único que me arrepiento es de que nuestras historia terminara, pues te echo de menos, y eso es algo que se que no va a cambiar. Quiero terminar esta carta diciéndote algo importante, algo que quizá descuadre por un instante tus sentimientos; y es...¡Qué te quiero!