Siempre igual. Siempre se repite la misma historia. Soy una ilusa. Una maldita ilusa.
Estaba bien sola, aprendiendo a vivir por mi misma, sin tener que depender de nadie, sin dar ni pedir explicaciones de nada y sin tener que buscarle un sentido lógico a lo que por mi mente pasaba. Y, de repente, la vida, como si no tuviera otra cosa mejor que hacer, puso a una persona en mi camino que lo cambió todo sin que apenas me diese cuenta. Al principio veía a esa persona como a otra cualquiera del montón, no producía ningún tipo de alteración en mi interior. Pero poco a poco la confianza fue surgiendo entre los dos, y esa persona empezó a ser alguien realmente importante para mi. Hablábamos todos los días, nos burlábamos el una del otro, bromeábamos con cualquier cosa. Y, de vez en cuando, nos decíamos lo importante que eramos el uno para el otro, y el otro para el uno. Y sin darme cuenta, esa persona se convirtió en mi mayor sueño y mi gran pensamiento. Los días carecían de sentido si no hablábamos por las noches. Todo parecía ir viento en popa, como si la vida por fin me hubiese dado razones para creer en el amor, para creer que por fin era buena para alguien. Y parecía que en él era igual, parecía que realmente yo le importaba. Pero no. Un buen día me dijo que estaba enamorado, que ella era una gran chica, y que realmente congeniaban. ¿Y yo qué podía decir? Nada. Lo único que podía hacer era alegrarme, pues, que una de las personas mas importantes para mi fuese feliz es algo que me alegraba de verdad. Si, mi corazón desde entonces llora y me pregunta entre sollozos por qué le hice despertar de nuevo por alguien que no le iba a cuidar, pero es que él lo merecía. Después de aquella confesión solo me quedaba olvidar todo aquello que mi imaginación había creado. Tenía que seguir siendo su amiga a pesar de todo, porque realmente le quería (y le quiero).
Ahora me toca volver al principio de la historia, tengo que volver a hacerme fuerte o, por lo menos, a fingir que lo soy, y volver a vivir sola, como en mi camino está escrito.
-Parecía como si el destino me quisiera gastar un broma macabra.-