Guarda la maleta mientras que oyes como tu padre cierra la puerta de la casa en la que has estado viviendo estos dos últimos meses, y móntate en el coche. Ponte los cascos y escucha vuestra canción mientras las lágrimas desbordan silenciosas por tu cara al ver que dejas todo aquello. Y no dejes de mirar atrás hasta que el mundo en el que te habías sumergido se pierda en la lejanía. Entonces, y solo entonces, es cuando tienes permiso para dejar de recordar, pero te das cuenta de que ni puedes ni quieres hacerlo, pues esta ha sido el mejor.
Recuerdas los momentos con tus amigas, bailando al son de vuestras canciones favoritas, mientras que una lluvia de luces y colores baña vuestras caras sonrientes. También recuerdas aquellas tardes en el parque, tiradas en el césped a la sombra de los árboles. O simplemente recuerdas hasta aquellas mañanas no tan mañanas, después de una larga noche de fiesta, en las que te despertabas con el olor de la rica comida que había preparado tu padre.
Pero de lo que no te vas a poder olvidar es de él, de él y de lo que te hacía sentir cuando estabais juntos. Porque con solo oír su vos tus ojos se iluminaban, porque con verle, aunque fuera de lejos tu alma ya respiraba tranquila, y te encantaba sentirle cerca, te encantaba el simple hecho de tener su aroma en tu ropa. Porque te hacía doña, pero solo él podía remediar ese dolor. Y aquellos días en los que te cabreabas y le jurabas al cielo que no le volverías a hablar, y llegaba la noche, y al meterte en la cama te dabas cuanta de que solo podías soñar con él.
Verano. Dos meses en los que creas un mundo tan fantástico, tan bueno, y, a la vez, tan real. Los mejores momentos de nuestra vida pasan en este tiempo tan apresurado que se escapa entre nuestros dedos cuando, en el ultimo momento, tienes que dejarlo atrás. Te das cuenta de que ese mundo va a estar apagado durante un año. Y lo echarás de menos, ya creo que lo echarás de menos. Y, aquí, volvemos al principio de la historia, volvemos a las lagrimas y a la melancolía que produce el volver a la rutina. Pero no te apures el verano siempre regresa, devolviéndote la brillante sonrisa del sol a tus labios e iluminando tu alma. Vuelve para devolverte la alegría!
-Las lágrimas son la última sonrisa del amor.-
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