Y llegó la hora de la verdad, la hora de poner las cartas sobre la mesa, la hora de discutir si eso era lo mejor para los dos. Porque todo se marchita, todo lo que sube baja, todo lo que se moja se seca, todo lo que comienza tiene un fin.
Nosotros realmente nos queríamos, pero la distancia, esos malditos números que separan a personas que han nacido para estar juntas, no nos dejó sentirnos.
Eso es lo que nos pasó, nos cansamos de echarnos de menos y nos empezamos a echar de más.
Aunque en realidad intentamos perdonarnos a nosotros mismos por alejarnos, por rendirnos y dejar que ganasen esos estúpidos kilómetros por los que cada noche mi almohada oye mis lamentos y seca mis lágrimas.
Pero ya está, no hay nada más que hacer ni tampoco mucho más de lo que hablar, solo decir que te voy a echar de manos, que lo que viví a tu lado ha sido algo maravilloso, espectacular, inolvidable. Pero me pediste que me fuera y me he ido. Tú me pides que me vaya y mi corazón me pide volver a sonreír, sea como sea. Y sé que seguramente sea atándome a otra persona. Pero esto no lo voy a olvidar. No olvidaré lo que me hacías sentir con lo mirarme, con rozarme, ni de tus labio ni de tus susurros.
Te tengo mucho cariño, si, pero nada más. Aquel amor que un día sentí por ti desapareció, se lo tragó la nada.
-Te convertirás en uno de os recuerdos más bonitos de mi vida, pero nada más.-
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